(Interior
de una estancia. Sonidos de noche. Está en el espacio un hombre con el
maquillaje de payaso muy adorable. Lee, se mece, pinta, se mece... De cabeza.)
La quietud de la noche es engañosa, como orinar en la
oscuridad. Pueden ocurrir catástrofes, por ejemplo, que no cojás el
último bus por ir distraído viendo la luna.
Yo quiero la luna.
(Aparece en el ciclorama la superficie
lunar con la que interactúa el vaivén embriagante de P)
Su brillo, su compañía y
el espacio que me imagino me brindaría para bailar.
(Termina secuencia. P se sorprende con
su entorno material)
Aunque, como ya les dije,
la noche es oscura y llena de errores. Salir sin repelente para
mosquitos puede ser no un error sino un horror.
Los mosquitos son seres insignificantes,
frágiles y cobardes, -basta con moverse para que se inquieten y huyan-, pero de
dónde yo vengo, uno te inyecta y te vas para la mierda.
(P pensativo)
Para evitar la tentación de salir y perseguir satélites, me quedo en casa con
música meditativa…
(Reproduce un rock pesado y
estridente, mientras practica yoga. Detiene la música)
Pues he recargado pilas y
tengo bastante por hacer...
(Ordena y limpia, pero ya todo está en
su lugar y no tiene mucho por hacer más que ajustar detalles o cambiar de
posición elementos, dejando todo idéntico)
Ya nadie aprecia el cuidado al detalle... Se prefiere la indiferencia por encima
de saborear cada momento…
(En este instante se abre la puerta,
rayos plateados como la sangre de un unicornio bañan a P. A lo lejos, se
escucha el vuelo de un enjambre de mosquitos)
¡A lo lejos, ya viene la gangrena!
(Corre a cerrar la puerta y coloca una
pila de libros en la puerta para evitar mosquitos)
Hoy día la inseguridad es
muy grande... Lo mejor que se puede hacer es caminar con el pecho inflado y
aparentar. Aunque también uno tiene la posibilidad de pintarse la cara,
montar numeritos y entretener a los enjambres de mosquitos.
Los
mosquitos a los que me he visto enfrentado tienen la capacidad de hacerse pasar
por sinuosas mariposas.
(Secuencia de video de una Morpho que
juega en el cuarto. Esta se posa sobre el pecho de P, cerca de su corazón)
En algún momento topé con
una Morpho. Muy singular esta especie; discreta, más cuando se abren al mundo
lo pintan de vida.
Y
yo... Creo que... No pude ver más allá del
camuflaje con el que confundía a sus depredadores...
(P
toma un libro de la pila y se pone de pie)
¿Saben? Cuando juego con estos libros, se me olvida el maripocidio.
(Secuencia
en la que P interpreta pasajes de literatura universal. Va cambiando de libros.
Todos relacionados con mosquitos dañinos o la fuga de Morphos exóticas. Tres
intentos de juego. Al cuarto, P hace una pausa que lo inunda de un silencio
ensordecedor)
Hay dolores de dolores, pero este se me apareció cuando hablé con la pared...
Cosa seria.
Ahora mismo hablo al vacío.
(Al
público)
¿Cumplo bien? - Damas y caballeros, ¡pasen pasen! Risa
chiquitita a dos mil... Carcajada a 6... Una conmoción con lagrimas a 4 y
medio. Esa a promoción porque ahora cuesta venderla. ¿Quieren carne y compañía?
12 mil con la copita de vino.
(Corre
a colgarse de la cabeza. Se mece)
Creo que el alma está en la cabeza. Hay que abonarla.
"Crece
arbolito, saluda al sol.
Baila
Monito, ofrendale a diosito.
Lavando
tu carita, con buen mentol.
Enseña lo mejor, o te darán por el mentón.
Enseña lo mejor e igual
destruirán tu razón...
La vida perdió su poca sazón..."
Qué fácil es usar estiércol como abono.
(Lo asedian recuerdos brutales.
Mapping del cuarto que se fractura. Bomba de información. Muro que se destruye. Parece que los escombros
persiguen el cuerpo de P. Esto lo lleva a una partitura de escape/escondite en
una esquina)
Uno ha leído sobre
personajes que escapan de sus entornos lúgubres hacia sus mentes y encuentran
gloriosas trincheritas en las comisuras de su imaginación. Ahí dónde
la mugre se acumula, viajan a universos alternos y maravillosos...
De dónde yo vengo, cuando un mosquito te pica, te enrojecés, tus ojos parecen
como pasados por vinagre, los oídos se te tapan y perdés el deseo de salir a
pasear. Los mosquitos abundan y
esperan el descuido para robarte la paz. No piensan, ni sienten… Sólo consumen.
Y en esto reside su supervivencia: engordarse, viviendo de la vida. Y uno pasa
tanto tiempo golpeando y espantando moscos malparidos que deja de ver y puede
llegar a sestar la muerte sobre una morpho pasajera.