Hoy me leyeron la mano.
Ahora me gusta creer en esas cosas. O por lo menos invertir mi energía en escuchar esas loqueras porque le dan otro matiz a los días grises.
Me vaticinaron la calidad de vida, la cantidad de hijos e hijas y hasta la cantidad de viajes que me marcarían de por vida... Es loco porque en realidad escuché lo que siempre he deseado.
Me puse a pensar en la posibilidad de nacer con un guión escrito en las manos.
Me puse a pensar en malas decisiones que cuestan explicar o que no se pueden explicar del todo.
Me puse a pensar en los postres y las llegada tardías.
Me puse a pensar en la fidelidad y el autoengaño.
Me puse a pensar en el azul y en las lágrimas.
Me puse a pensar en los silencios y en las palabras odiosas.
De pronto me miré las manos y paró el pensamiento. El aquí y el ahora. Estar presente en el momento.
Ampollas, heridas y cicatrices. Marcas del trabajo, del esfuerzo, del amor propio. Decisiones que no van a reparar las fracturas, pero que sí van a cimentar el nuevo camino
Pienso que estas palabras deben sonar tontas. Aunque si son escuchadas, de seguro son preciosas.
¿Llegó hasta este punto de la lectura? Quizás usted sea alguien que quiere saber qué hay detrás de todo lo visible.
Quizás, si pone atención, podríamos ver juntas qué tan cierta fue la lectura de manos. Quizás y sólo quizás, podamos creer construyendo y no echarnos a morir.
Acá estoy. Con la mano extendida.
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