jueves, 21 de septiembre de 2017

Conmigo mismo

Recubre sinuosamente mi garganta y estómago. Desciende y calienta mis entrañas. Mi cara afloja toda tensión y, seguidamente, una tenue sonrisa asoma.
El licor cumple su propósito.

Hoy, sin embargo, no estoy solo. Otra sonrisa de otro tiempo, de otro lugar, hace eco a mis desgracias.
Durante un rato nos compartimos. Durante un rato nos expresamos. Parece que convivimos.
Pero no coincidimos.

Chocamos.

No confío.
No logro reconocer su alma.
Yo no creo siquiera tener la misma alma de antaño... 

Una lucha campal toma forma; el silencio es el escudo y la carcajada el filo. Escucho y me constriño con la presión de la abrumadora ideología del placer.

El tiempo ha goteado por entre las hendiduras del cuerpo. Hendiduras que creía eran lo suficientemente amplias para que pasara cualquier palabra grosera, cualquier juicio, cualquiera.

Este capítulo se entenebrece por mi propio idealismo.

¿Será que todas las personas son (somos) así? ¿Este temor implacable es a causa de un reflejo oscuro?

A menos de un metro de mí hay frialdad, hedonismo y des-honor.

Creo en algún momento fui así. Creo soy así (¿?).

Ya lo he sentido antes.

No pienso comprometer de nuevo.
No quiero ceder terreno.
No lo quiero.
No.

Quizás la próxima convenga ir solo por el puto trago. Como es usual.


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